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Los significados que se dan en medicina a los términos esterilidad e infertilidad no se corresponden con los que ambas palabras tienen en castellano, donde significan lo mismo. La diferencia habría que hacerla entre fertilidad e infertilidad (o esterilidad), por una parte, y fecundidad e infecundidad, por otra. De todos modos, aplicaremos el significado que se les atribuye en medicina, pues es el que encontraremos con más frecuencia cuando nos ocupemos de las alteraciones de la función reproductiva.
Esterilidad Primaria: cuando la pareja, tras un año de relaciones sin tomar medidas de protección, no ha conseguido un embarazo. Esterilidad Secundaria: la de la pareja que, tras la consecución del primer hijo, no logra una nueva gestación tras 2 o más años de intentarlo. Infertilidad Primaria: la que padece una pareja que consigue una gestación que no llega a término con un recién nacido normal. Infertilidad Secundaria: cuando, tras un embarazo y parto normales, no se consigue una nueva gestación a término con recién nacido normal.
En igualdad de condiciones, la probabilidad de conseguir un embarazo es un 25% menor entre los 30 y los 35 años que antes de los 30 años. Entre 35 y 40 años, un 43% menor que antes de los 30 años. Entre 40 y 45 años , un 57% menor que antes de los 30 años. A partir de 45 años, la probabilidad de conseguir una gestación es mínima.
No existe ningún método fiable para detectar la ovulación antes de que se produzca. Para tratar de conseguir un embarazo, no sirve de nada saber que la ovulación se produjo dos días antes.
Se puede hacer una aproximación mediante la determinación de LH en orina.
La LH tarda entre 6 y 7 horas en aparecer en orina, pero este retraso respecto al momento en que es detectable en sangre no tiene ninguna importancia práctica.
Se recomienda hacer la prueba por la mañana y por la noche desde cuatro días antes de la fecha prevista de ovulación. Puede aumentarse la seguridad de detección del comienzo de su elevación mediante determinaciones urinarias frecuentes, cada 3 ó 4 horas. Su eficacia en la predicción de la ovulación es de aproximadamente el 90%, aunque su valor, cuando se utiliza aisladamente, para aumentar la tasa de embarazos, es discutible.
En cualquier caso, si se mantienen relaciones sexuales con regularidad, no es necesario identificar los días fértiles.
Una vez que se produce la ovulación, el óvulo sobrevive unas 48 horas aproximadamente. Los espermatozoides conservan su capacidad fecundante durante unas 72 horas, de modo que, en cada ciclo, puede producirse la fecundación durante cinco días, aproximadamente.
En cualquier caso, tanto el tratar de identificar los días fértiles como el programar las relaciones sexuales no contribuye a aumentar la tasa de embarazos y sólo consigue introducir un nuevo elemento de tensión entre los miembros de una pareja que, cuando se plantea la conveniencia de tomar estas medidas, ya está sometida a una considerable tensión, muchas veces no reconocida, por la demora en conseguir descendencia.
Con las técnicas actuales, es posible dar solución a muchos casos que hace tan sólo unos años no la tenían, pero sería ilusorio pensar que se puede conseguir embarazo en la mayoría de los casos. Se conocen muchos de los factores que intervienen en las alteraciones de la función reproductiva, pero aún quedan muchos más por conocer. Lo que sí se puede afirmar es que, en la mayoría de los casos, se puede intentar el tratamiento.
Aunque se hable una y otra vez del porcentaje de éxitos conseguidos con una u otra técnica, en uno u otro centro, no es posible predecir lo que realmente le interesa a cada paciente, si ella va a estar incluida entre las cifras de los éxitos o entre la de quienes no han logrado su objetivo. El pronóstico, pero sólo el pronóstico, debe hacerse de manera individualizada. Cualquier generalización sólo sirve para confundir y, en muchos casos, generar falsas expectativas.
Ninguna de las maniobras que se realizan en reproducción asistida es dolorosa, por más que en muchas ocasiones se ofrezca sedación o, incluso, anestesia general. La punción ovárica para la extracción de los óvulos en los ciclos de fecundación in vitro, que suele ser lo que más temen muchas pacientes, provoca, cuando se efectúa con anestesia local, una molestia similar a la de una regla. La punción suele durar entre 5 y 7 minutos.
Como cualquier intervención médica, los tratamientos de reproducción asistida no están exentos de riesgos, que se pormenorizan al explicar la técnica que se va a utilizar. En cualquier caso, con una correcta planificación del tratamiento, sin pretender obtener de él más de lo que puede proporcionar, los riesgos son prácticamente inexistentes. En cuanto a efectos secundarios, leves, si es que los hay, desaparecen al finalizar el tratamiento. No hay efectos secundarios a medio ni largo plazo.
La tasa de embarazos es mayor cuanto mayor sea el número de embriones que se transfieren. Por lo general, la tasa de implantación en la especie humana es del 30%, es decir, se implanta 1 embrión de 3 que se transfieren. Sin embargo, estas cifras, como todas las referentes a la reproducción, deben interpretarse con cuidado. No hay que pensar que cada paciente a la que se transfieran tres embriones conseguirá la implantación de uno de ellos. Habrá pacientes en que no se implante ninguno, pacientes en que se implanten dos y pacientes, por fin, en que se implanten los tres. No se puede saber a priori cuál va ser el destino de los embriones transferidos a una paciente en particular. Actualmente, la legislación española no permite transferir más de tres embriones por ciclo. Éste es el número con el que se consigue mayor número de embarazos con la menor tasa de gestaciones múltiples. En ALLAT MÉDICA, la tasa de gestaciones dobles es, aproximadamente, del 32,69% de los embarazos conseguidos. La de triples, del 1,92%.
Se considera que, si tras cuatro ciclos de inseminación artificial (seis si es con semen de donante), no se ha conseguido el embarazo, se debe pasar a F.I.V.
Si no se consigue gestación con cuatro ciclos de F.I.V. o de I.C.S.I., se debe reevaluar el caso, pues, en los ciclos siguientes, sin que se conozca exactamente la causa, la tasa de embarazos es progresivamente menor.
Para la Inseminación Artificial entre 4 y 6, dependiendo de la edad de la mujer. Con semen de donante 6. En los casos en los que no se obtenga una gestación, tras las inseminaciones con semen conyugal o de donante, utilizaremos la combinación de una Fecundación in vitro normal o la Microinyección Intracitoplasmática, según sea necesario, lo que nos permitirá determinar si existe un fallo de fecundación. Una vez determinada la técnica más adecuada, realizaremos 4 intentos de FIV o ICSI.
Según la legislación española, la elección del donante es responsabilidad del equipo médico, que intentará que el donante sea lo más parecido posible al varón, en el caso de donación de semen, o a la mujer, en el de óvulos.
Salvo en las excepciones admitidas por la ley, no se puede fecundar más que tres óvulos en cada ciclo, de modo que no hay posibilidad de que queden embriones sobrantes. En los casos en que se puede fecundar más de tres óvulos, los embriones que no se transfieran, si reúnen las condiciones adecuadas para ello, se congelan y permanecen a disposición de la pareja durante toda la vida fértil de la mujer.
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