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Es una especialidad de la Ginecología que tiene como objetivo la solución de los problemas de infertilidad a través de diferentes procedimientos terapéuticos. Engloba el conjunto de técnicas y tratamientos encaminados a lograr la consecución del embarazo. Los avances experimentados en los últimos años, tanto en el diagnóstico como en el tratamiento de las alteraciones de la fertilidad, han dejado anticuadas muchas de las técnicas empleadas hasta no hace mucho tiempo.
Una de las innovaciones clínicas más importantes es el reconocimiento de que la actuación sobre este tipo de alteraciones debe incluir una evaluación global de una pareja que se halla inmersa en un ambiente determinado, en un momento determinado y para la que la infertilidad supone un importante estrés, teniendo presentes los efectos que causa sobre la pareja, los individuos y las familias. Debe prestarse especial atención a las diferencias culturales, religiosas y económicas entre los distintos pacientes y al modo en que estas diferencias influyen sobre su percepción del problema y sobre su grado de aceptación de las distintas pruebas diagnósticas y de las actuaciones terapéuticas.
Se admite que, tanto en hombres como en mujeres, la fertilidad es máxima entre los veinte y los veinticinco años. También se acepta de modo general que son necesarios entre tres y seis coitos por semana para alcanzar la máxima exposición a la posibilidad de embarazo, ya que los espermatozoides pueden sobrevivir el tracto genital femenino entre dos y tres días, por lo que una frecuencia coital menor disminuye las probabilidades de exposición en el periodo periovulatorio. Los objetivos que se persiguen en un estudio de infertilidad son similares a los buscados en el de cualquier otra alteración:
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Descubrir la causa o causas de la infertilidad e instaurar el tratamiento apropiado.
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Proporcionar a la pareja infértil información actualizada, realista y libre de sesgos basada en un estudio sistemático.
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Eliminar los prejuicios habituales sobre la contribución, o incluso culpabilidad, al estado de infertilidad, de cada uno de los miembros de la pareja.
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Presentar de manera clara las alternativas existentes para la posible solución del problema, teniendo en cuenta cuáles pueden ser más aceptables para cada pareja, de acuerdo con sus características particulares.
Sólo la mitad de las parejas que consultan por alteraciones de la fertilidad conseguirán el nacimiento de un niño sano. Muchas no lograrán ni siquiera el embarazo, otras sufrirán abortos repetidos o gestaciones ectópicas y otras presentarán complicaciones obstétricas que impedirán la consecución de su principal objetivo.
La tarea del médico no se limita, pues, a lograr el nacimiento de niños sanos. Debe ser también capaz de convencer a sus pacientes de que, sea cual sea el resultado, se les han proporcionado todos los medios disponibles para estudiar y tratar su problema y de facilitarles, cuando lo anterior ha resultado ineficaz, toda la ayuda necesaria para reorganizar su proyecto vital asumiendo la realidad de su falta de descendencia.
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